Entre el asfalto gastado y la falsa autoridad, un hombre defiende su derecho a ocupar el espacio público.
CHAPTER 1: EL LMITE DEL ASFALTO El marco de la ventana abierta tembló bajo el peso de una mano ancha, llena de venas gruesas y manchas de sol. —No me interrumpas, sabes perfectamente lo que hiciste —dijo Don Rogelio. La voz no llegó con un grito, sino con la densidad rasposa de quien lleva décadas…
